dilluns, 6 de febrer del 2012

Circo y fieras en la Roma antigua. Pantomimas y naumaquías.

Uno de los espectáculos más populares fue en el Imperio Romano el acoso de fieras,
celebradas generalmente en los anfiteatros. En origen estos espectáculos, como los
juegos olímpicos, némeos, píticos e ísmicos y las representaciones teatrales en Grecia, o
los combates de gladiadores y carreras de carros en Roma, eran rituales religiosos en
honor de los dioses o de los difuntos importantes; con el tiempo, estos rituales se degradaron
y se convirtieron en juegos o en deportes. Todavía, a finales del Mundo Antiguo,
en las representaciones de carreras de caballos o de luchas de fieras no es raro que una
imagen de Cibeles presida los juegos. El más antiguo espectáculo de lucha de fieras de
que hay noticia en Roma data del año 186 a. C. y tuvo lugar unos 80 años antes de que
se introdujeran los combates de gladiadores. La afición por este espectáculo sangriento
pervivió por lo menos hasta el s. VI. En el año 469 los emperadores León y Artemio
prohibieron que se celebrasen en domingo. En el año 536 el emperador bizantino Justiniano
decretó que los cónsules debían ofrecer al pueblo acosos de fieras. Este espectáculo
era variado en su composición; unas veces se exhibían sólo fieras, otras luchaban
éstas entre sí, y frecuentemente con hombres; se simulaban también en el anfiteatro auténticas
cacerías de animales salvajes. Los que luchaban con las fieras se llamaban bestiarios;
unas veces eran contratados, otras se obligaba a combatir a criminales o a prisioneros
de guerra. Autores de los s. II y III, como los escritores cristianos Tertuliano y
San Cipriano y el jurista Ulpiano, nos informan de que también se ofrecían voluntarios
para luchar con las fieras, que tenían a gala el participar sin recibir soldada, incluso algún
emperador para demostrar en público su valor no tuvo inconveniente en descender a
la arena y matar con su propia mano las fieras. El historiador Dión Casio cuenta que
Cómodo (180-193) mató en un solo día cinco hipopótamos, y en varios una jirafa, dos
elefantes y algunos rinocerontes.
Existían grupos o familias de bestiarios, que se adiestraban, como los gladiadores,
en escuelas especiales; una de estas escuelas fue creada por el emperador Domiciano a
finales del s. I. Generalmente este espectáculo se celebraba en el anfiteatro; en el de
Mérida se conservan todavía las habitaciones de las fieras con unas ventanucas para
alimentarlas. Las primeras fieras que se vieron en Roma procedían de África, donde
Cartago, la gran metrópoli mercantil, había sido arrasada en el año 146 a. C. El historiador
contemporáneo de Augusto, Tito Livio, recoge la noticia de que en un espectáculo
de fieras celebrado en Roma en el año 169 a. C. y organizado por los ediles P.
Léntulo y Escipión Násica, se exhibieron 63 fieras africanas (panteras, leopardos y hienas, 40 osos y elefantes). Por estas fechas, se presentaban a veces sólo animales inofensivos,
pues en los juegos organizados para festejar a la diosa Flora sólo participaron esta
clase de animales. El comediógrafo Plauto vio en su tiempo avestruces. Además de estas
fieras importadas, se sacaban a la arena animales traídos de distintas regiones de
Italia, de los montes Apeninos, de Lucania y Apulia, como osos, jabalíes, corzos, ciervos
y liebres.
Los acosos de fieras cobraron cada vez más importancia ya a finales de la
República Romana y se vieron en Roma animales nunca antes vistos. En el año 58 a. C.
en las fiestas organizadas por Escauro se exhibieron un cocodrilo y un hipopótamo.
Pompeyo, con ocasión de los espectáculos venatorios, celebrados con motivo de la
consagración de su teatro, presentó al público un rinoceronte, unos monos africanos
desconocidos y un lince de la Galia (Francia). En las cacerías preparadas por César en el
año 74 a. C. el pueblo romano vio por vez primera una jirafa y en el año 11 a. C. un tigre.
Asombra la variedad de fieras que participaban en estas dos exhibiciones o luchas,
pero lo que más llama la atención es la abundancia de animales de una sola especie que
se presentaban al público, que indica un gran comercio de fieras perfectamente organizado
y muy rentable desde los países de origen hasta el anfiteatro de Roma. El cazador
era propietario de los animales cazados por él, fuese en terrenos propios o ajenos. Sin
embargo, las cacerías de elefantes sólo se podían organizar con autorización del emperador.
La posesión de esta fiera era un privilegio exclusivo del emperador. Los emperadores
también se reservaron el privilegio de cazar leones o de autorizar su captura. El
transporte de las fieras se hacía generalmente por mar. Está bien representado en algunos
de los soberbios mosaicos de Piazza Armerina, Sicilia (300-360). Los convoyes tardaban
varios meses en llegar y frecuentemente perecían las fieras en el viaje. Del edicto,
dado por los emperadores Honorio y Teodosio, del año 417, se desprende que los municipios
por donde pasasen tenían la obligación de alimentar las fieras, lo que motivaba
abusos sin cuento. En Hierápolis, capital de la provincia romana del río Éufrates, una
vez se detuvo un convoy 3 o 4 meses en vez de una semana; por este motivo los citados
emperadores legislaron que no se podían detener más de 7 días en la misma ciudad.
En los citados juegos pagados por Pompeyo intervinieron 18 o 20 elefantes, 500 o
600 leones y 410 fieras africanas de otras especies; y en los de César 400 leones y 40
elefantes. Los datos que conservamos de época imperial indican que las luchas de fieras
gozaron cada vez de más aceptación y de que los emperadores para congraciarse con el
pueblo de Roma y apartar su atención de los problemas acuciantes de la vida ordinaria
no escatimaban dinero en gastos. Augusto dio en su vida 26 juegos organizados por él, y
se sacrificaron 3.500 fieras de África, que era la principal abastecedora de los animales
salvajes. El emperador Tito, en el año 80, montó unas fiestas que duraban 100 días para
celebrar la consagración del anfiteatro Flavio, que tenía cabida para 40.000 o 45.000
espectadores; en un solo día se presentaron 5.000 fieras y durante estas fiestas se mataron
9.000 animales. Trajano, en el año 107, celebró el triunfo sobre Dacia, la actual
Rumania, con unas fiestas que duraron 4 meses, en las que intervinieron 11.000 fieras
que lucharon contra 10.000 hombres.
Roma llevó a las provincias el gusto por este espectáculo. El gaditano Columela, a
comienzos del Imperio, alude a fieras africanas traídas a la Bética, la actual Andalucía,
para que participasen en los juegos del anfiteatro. Los zoos de Roma estaban llenos
siempre de fieras, que en cualquier momento podían intervenir en los anfiteatros. Nerón
(54-68), en el gran palacio llamado la Domus Aurea, que construyó en Roma, al decir
del historiador Suetonio, tenía "bosques con una multitud abigarrada de animales domésticos
y salvajes de todas clases". En tiempo de Gordiano III, hacia el año 235, había
en Roma, según la Historia Augusta, obra de finales del s. IV, 32 elefantes, 10 alces, 10
tigres, 60 leones domesticados, 30 leopardos domesticados, 10 hienas, 6 hipopótamos, 1
rinoceronte, 10 leones salvajes, 10 jirafas, 20 onagros, 40 caballos salvajes e innumerables
y divertidísimos animales, fieras todas, que fueron presentadas en la arena con ocasión
de celebrar Filipo el Árabe el milenario de la fundación de Roma, celebrado en el
año 248. Para el mantenimiento de todas estas fieras se necesitaba un numeroso personal
administrativo y la inversión de cuantiosas sumas de dinero. Calígula (37-41), en
una época en que la carne había alcanzado un precio alto, alimentaba a las fieras con
carne humana de criminales. Aureliano regaló las fieras que participaron en su triunfo,
para no gravar el fisco, lo que indica que de los fondos públicos se sostenían los animales
y que su mantenimiento era costoso. Un procurador administraba los fondos especiales
destinados al sostenimiento de los elefantes.
En los anfiteatros no sólo se exhibían fieras, luchaban éstas unas contra otras o
contra hombres, sino que también se simulaban auténticas cacerías; la mejor conocida
está descrita en la citada Historia Augusta, con ocasión de las fiestas organizadas por el
emperador Probo; dice así: "El espectáculo se dispuso como sigue: grandes árboles,
arrancados con sus raíces por los soldados, se colocaban sobre una plataforma de madera
de gran extensión que se había recubierto de tierra. De esta manera, todo el circo,
plantado de modo semejante a un bosque, pareció florecer con la frescura de las hojas
verdes. En seguida soltaron por todos los caminos mil avestruces, mil ciervos, mil jabalíes,
mil gamos, mil gamuzas, mil cabritillos salvajes y otros animales herbívoros en
tanta cantidad cuanto les fue dado alimentar y encontrar. Hecho esto, dejaron penetrar
en el bosque a la plebe y cada uno se apoderó de lo que quiso. Otro día, Probo hizo soltar
de una vez en el anfiteatro a cien leones de largas crines. El fragor de sus rugidos parecía
el tronar de la tormenta. Se les dio muerte por la espalda a todos estos leones y, mientras
morían, no dieron el buen espectáculo que se esperaba de ellos, ya que no tenían ese ímpetu
que tienen cuando salen de sus jaulas. A muchos de ellos, que no querían avanzar, se
les mató con flechas. Salieron también cien leopardos de Libia, cien leopardos sirios, cien
leonas juntamente con cien osos. Parece ser que el espectáculo de todas aquellas fieras fue
más imponente que agradable." Otras fiestas eran más complicadas aún. El poeta Calpurnio
describe una fiesta dada por Nerón, en la que el suelo se abrió y de los abismos salió
un bosque maravilloso con árboles resplandecientes por el oro y surtidores olorosos, poblado
de fieras de lejanos países. En los juegos que organizó Septimio Severo, en el año
202, la palestra se transformó en pocos momentos en un barco gigantesco, que inmediatamente
se desencuadernó, quedando sobre la arena 700 fieras, leones, panteras, osos,
bisontes y avestruces, que fueron sacrificados en los 7 días que duró la fiesta.
A los condenados a las fieras frecuentemente se les ataba a un carro, que se llevaba
a donde los animales se encontraban; otras veces se les obligaba a ir a su encuentro azotándolos
por las espaldas, según se ve en el mosaico de Zliten. También se les colgaba de
un madero, como a Blandina, cristiana, que en Lyon, en el año 177, fue condenada a las
fieras, o se les ataba a un puente o tablado, como a Saturo, mártir cristiano africano del
año 203. Las actas de los mártires —los cristianos fueron frecuentemente condenados a
las fieras— nos informan de algunas particularidades, como de que los condenados eran
flagelados antes, como se hizo con la citada Blandina o con los mártires de Tiro, en
época de Diocleciano a principios del s. IV, y de que cuando se les echaba a toros bravos,
iban envueltos en redes, como Perpetua y Felicitas, compañeras de Saturo.
La actitud de los intelectuales fue ambigua ante estas degollinas de hombres y fieras
organizadas para divertir al populacho. Varrón, a finales de la República, escribió la
siguiente frase condenatoria de tales juegos: "¿No sois unos bárbaros, los que echáis los
criminales a las fieras?" Cicerón, el gran orador, contemporáneo del escritor anterior,
también fue contrario a este espectáculo: "¿Qué placer puede representar para una persona
culta ver como un hombre débil es despedazado por una fiera fuerte y gigantesca o
como un hermosísimo animal es atravesado por una jabalina?" Séneca manifestó repetidas
veces su repulsa ante estas matanzas. El cristianismo se opuso a ellas por boca de
algunos de sus mejores representantes, como san Juan Crisóstomo en el s. IV y Salviano
de Marsella, en el siglo siguiente; en cambio, los poetas Marcial y Estacio, en tiempo de
Domiciano, alaban estos espectáculos.
Las cacerías de fieras en los anfiteatros sirvieron también a la medicina. Galeno escribe
que muchos médicos presenciaron la autopsia de un elefante gigantesco y del
cuerpo de estos animales sacrificados se obtenían medicinas. También sirvieron a los
artistas para copiar fieras del natural. El famoso escultor Pasiteles, de finales de la República,
estuvo a punto de ser despedazado por una pantera escapada de una jaula,
mientras modelaba un león.
En los anfiteatros romanos presenciaban los espectadores otros tipos de
diversiones, como las pantomimas y las naumaquias, éstas últimas no siempre celebradas
en ellos. En las pantomimas los actores eran generalmente criminales,
condenados a muerte, entrenados para estos tipos de espectáculos. Los actores solían
salir a la arena vestidos con túnicas bordadas en oro, con mantos de púrpura y coronados
con coronas doradas. De pronto, los vestidos se inflamaban y los delincuentes
morían abrasados. El populacho romano había bautizado a semejantes mortíferos vestidos
con el nombre de "túnica molesta". Otras veces, como a los cristianos, a quienes
Nerón en el año 64 echó la culpa del incendio de Roma, se les embadurnaba de resina y
de pez y ardiendo se convertían en auténticas antorchas humanas, que iluminaban la
noche; a otros condenados, vestidos de pieles, se les arrojaba a los perros para que
los descuartizasen. Los escritores de época imperial han conservado datos sobre estas
pantomimas que a nosotros se nos antojan espeluznantes, pero que hacían las delicias de
los espectadores de los circos. Muchas veces las pantomimas ponían en escenas hechos
famosos de la Historia Romana o mitos. Nuestro poeta Marcial, que también pintó los espectáculos
de la capital del Imperio, vio a un criminal disfrazado de Mucio Escévola, con
una mano colocada sobre el fuego, hasta que éste se la abrasó toda. Se representó también
en el anfiteatro la crucifixión del bandolero Laureolo, que fue desgarrado por las fieras. El
poeta bilbilitano describe con un realismo impresionante el suplicio: la carne le caía a
pedazos. En otra pantomima un condenado representaba a Orfeo, el héroe mitológico,
que con su música amansaba a las fieras. Aparecía en un paraje campestre, rodeado de
toda clase de fieras, de pronto le dejaron caer, y fue despedazado por un oso. Tertuliano,
que como todos los cristianos, fue muy contrario a este tipo de espectáculos sangrantes,
en época de la Dinastía Severiana (193-235), alude a diversos mitos puestos en escena,
como la castración de Atis; otro condenado llevaba los atributos de Hércules, y como el
semidiós en el Eta, fue abrasado vivo. El apologista cristiano escribe que había gente
que se prestaba voluntariamente a recorrer cierta distancia con los vestidos ardiendo.
No todas las pantomimas acababan trágicamente. También se representaban mitos
obscenos y alegres, como el rapto de Europa por el toro.
A veces la arena se inundaba de agua y se convertía en un lago, donde se celebraban
combates navales. Conocemos una serie de naumaquías gracias a los historiadores
Tácito y Suetonio. La más antigua conocida data del año 46 a. C. La organizó Julio César
con motivo de los juegos triunfales que celebraron ese año su triunfo sobre los enemigos.
El dictador mandó hacer en el Campo de Marte un gran lago artificial, donde se
enfrentaron una flota tiria y otra egipcia. Participaron 1.000 soldados y 2.000 remeros
en cada flota; los barcos eran de dos, tres y cuatro remos. En el año 2 el emperador Augusto,
para festejar la consagración del templo de Marte Ultor, organizó una gran naumaquía
celebrada en un lago artificial; este lago medía 533 metros de largo y 357 de
ancho. Combatieron 30 naves grandes de los atenienses y de los persas, mas un número
mayor de pequeños barcos. El número de participantes fue de 3.000 combatientes, sin
contar los remeros.
El emperador Claudio en el año 52 organizó un gran simulacro de combate naval,
para celebrar la terminación de las obras que unían el lago Fucino, mediante un canal,
con el río Liris. En el combate celebrado en el lago participaron 19.000 combatientes,
repartidos en dos flotas, siciliana y rodia. Las orillas del lago, al decir de Tácito, estaban
llenas de balsas para impedir que el numeroso público, que se apiñaba en las orillas, se
cayera al agua. Las balsas estaban ocupadas por destacamentos de los cohortes pretorias,
que eran la guardia personal del emperador. El propio emperador Claudio, acompañado
de la emperatriz Agripina, presidió el espectáculo.
Nerón en el año 57 o 58 convirtió la arena del anfiteatro levantado por él en el
Campo de Marte en un gigantesco lago, donde se exhibieron toda clase de peces y
monstruos marinos, y se reprodujo un encuentro naval entre persas y griegos, que recordaba
los de las Guerras Médicas. Después se vació el lago y sobre la arena lucharon los
gladiadores y se simuló un combate terrestre. En el año 64 el mismo emperador en el
mismo lugar organizó por segunda vez una naumaquía, seguida, como la primera, de un
combate de gladiadores y después vino un fastuoso festín organizado por Tigelino.
El emperador Tito organizó en el año 80 unas fiestas que duraron 100 días y no podían
faltar en ellas los espectáculos acuáticos. En el primer día sobre una tarima de madera
que cubría el lago organizó unos combates de gladiadores y un acoso de fieras, el
segundo día una carrera de carros y el tercero un simulacro de batalla naval entre atenienses
y siracusanos, que recordaban los tenidos con ocasión del ataque de Atenas a
Siracusa, durante la Guerra del Peloponeso, 415-413 a.C.
El emperador Domiciano intentó eclipsar las fiestas acuáticas organizadas por su hermano,
hizo construir un nuevo y grandioso lago artificial y organizó un gigantesco combate
naval. Durante esta representación cayó una gran tormenta sobre los espectadores,
pero no se les permitió abandonar sus puestos, lo que motivó que muchos enfermasen.
La Historia Augusta, obra de finales del s. IV, da noticia de otra naumaquía, celebrada
por el emperador Filipo el Árabe, con ocasión de festejar el milenario de la fundación
de Roma. No se conocen detalles.
Los emperadores romanos fueron muy pródigos en organizar toda esta clase de espectáculos
para distraer al populacho de Roma. Dión Casio ya cayó en la cuenta de que
el pueblo se entretenía con ellos y no pensaba en política, ni en los verdaderos problemas
de la vida.

dijous, 15 de desembre del 2011

Històries d'amor que acaben en tragèdia: HIPÒLIT I FEDRA

El mite d'Hipòlit i Fedra
La història es desarrolla a Trecén on hi viu Teseu, l'heroi que va salvar Ariadna del minotaure del laberint de Creta. Un cop salvada Ariadna, la va abandonar i va raptar a Fedra per casar-s'hi.

Teseu ja havia tingut un fill, Hipòlit, amb una amazona, Hipòlita, a la que va raptar i va morir en una guerra entre amazones i grecs. 

El fill, Hipòlit, despreciava les relacions carnals i les dones, i això feia enfadar a Afrodita, a la qual ell considerava una deesa menor. Afrodita va jurar la mort de Hipòlit, i va fer que la seva madrastra, Fedra, s'enamorés d'ell perdudament.
Fedra li va explicar els seus mals a una nodridora, que a la vegada va decidir explicar-ho a Hipòlit. Quan Fedra es va proposar a Hipòlit, ell la va rebutjar, perquè no volia tacar l'honor del seu pare i no tenia interès en les dones. 
Fedra, desesperada, va decidir suicidar-se deixant una nota on explicava que el seu fillastre, Hipòlit, la havia intentat violar.
Teseu, fill de Posidó, al veure la nota, va invocar al seu pare perquè mates Hipòlit. Hipòlit es va defensar, deia que ell no havia fet res, però el seu pare no el va creure.
Quan Hipòlit fugia amb carro, va aparèixer de l'interior del mar un monstre marí, invocat per Posidó, que va espantar als cavalls de Hipòlit, fent-lo caure i ser arrossegat per les brides del cavall fins a acabar moribund.
Quan porten el cos d'Hipòlit, a punt de morir, apareix Artèmis, i explica a Teseu que tot ha sigut un enginy d'Afrodita per matar a Hipòlit. Hipòlit perdona a Teseu i finalment mor. Llavors Artèmis instaura el culte a Hipòlit a Trecén, que és que  les noies abans de casar-se hauràn de tallar-se un tros de cabell i oferir-lo a Hipòlit.


Eurípides
Eurípides era un escriptor de tragèdies i comèdies gregues, va ser l'escriptor del mite de Fedra i Hipòlit. Reforma l'estructura dels escrits grecs tradicionals, creant personatges com dones fortes o esclaus intel·ligents. Va guanyar dos cops el primer premi de les Dionises, un amb Ifigènia a Àulide i un altre per Hipòlit.

dilluns, 12 de desembre del 2011

Els treballs d'Hércules

1º ¿Per què Hércules havia de fer uns treballs?
Hera volia destruir a Hércules, i per poder-ho fer va intentar varis atemptats, i en un d'ells va fer tornar Hércules boig de fúria i matar als seus fills i a la seva esposa. Penedit d'aquesta acció, volia fer qualsevol cosa per redimir-se. Consultant l'Oracle de Delfos li aconsellà que es posés al servei del rei Euristeu de Micenes i l'obeís en tot el que aquest li volgués manar. Així començaren els dotze treballs d'Hércules.


2º Enumera els treballs i resumeix-los


1. Matar el lleó de Nemea
El lleó infundia terror als voltants de Nemea, i tenia una pell tan gruixuda que resultava impenetrable per les armes.
Quan Hèracles es va enfrontar a ell per primera vegada, utilitzant el seu arc i les seves fletxes, un garrot fet d'una olivera (que ell mateix havia arrancat de la terra) i una espasa de bronze, totes les armes van resultar inútils. El cau de l'animal tenia dues entrades: Hèracles va atiar-lo fins que l'animal va penetrar en el cau, va obstruir una de les entrades per tal d'acorralar-lo per l'altra, on va ofegar-lo tot ficant-li un braç per la gola fins asfixiar-lo.




2. Matar l'hidra de Lerna
Després d'arribar al pantà proper al llac Lerna, Hèracles va cobrir la seva boca i nas amb una tela per protegir-se del seu alè verinós i va disparar fletxes en flames al seu refugi per obligar-lo a sortir. Llavors es va enfrontar a ella amb una falç, tallant cada un dels seus caps, però cada cop n'hi apareixien més. Advertint que no podria derrotar l'Hidra d'aquesta forma, Hèracles va demanar ajuda al seu nebot Iolau. Aquest va tenir la idea (possiblement inspirada per Atena) d'usar una teia cremant per cremar el monyó del coll després de cada decapitació. Hèracles va tallar tots els caps i Iolau va cremar els colls oberts, matant així a l'Hidra. Hèracles va prendre llavors el seu únic cap immortal i la va enterrar sota una gran roca. Quan Euristeu, el rei que assignava els treballs a Hèracles, va saber que havia estat el seu nebot qui li havia donat la torxa, va declarar que no havia completat el treball sol i per tant no comptava per al total de deu tasques que se li havien assignat.


3. Capturar la daina de Cerinea
El treball consistia en capturar la daina, i va estar un any sotjant-la i perseguint-la abans de poder-la aconseguir. Finalment es va aturar a beure aigua. Llavors Hèracles li va llençar una fletxa, que es va clavar entre el tendó i l'os, sense vessar ni una gota de sang. Quan va haver immobilitzat la daina, la va portar a Micenes.


4. Matar el Senglar d'Erimant
Hércules va arribar a Erimant i després de lluitar àrduament amb l'animal a la neu, aconseguí encadenar-lo i portar-lo a Micenes. Quan ho aconseguí, el portà viu a Euristeu, que, en veure'l, cuità a amagar-se dins una tina.

5. Netejar els estables del rei Augies
Augías va pensar que Hèrcules estava boig i li va dir que si els netejava en un dia rebria en recompensa la desena part dels ramats.

Hèrcules canalitzar dos rius que va dirigir cap als estables, en elsquals prèviament va fer dos esvorancs, un en un costat pel que va penetrar el cabal i un altre en el costat oposat que va servir de desguàs. En poques hores les quadres resplendien com miralls.

Augías no complir els pactes legant que Hèrcules va realitzar la proesa per ordre d'Euristeo. Portat a judici, Fileu, el seu propi fillva declarar a favor d'Hèrcules, ja que havia estat testimoni delpacte. Augías enfurismat va desterrar del seu regne a Fileo ia Hèrcules. Al poc temps, Hèrcules al comandament d'un exèrcit elva deposar i va col.locar en el tron a Fileu.


6. Fer fugir els ocells del llac Estímfal
Els ocells del llac Estimfal eren monstres terrorífics amb urpes, becs i ales de bronze. Atacaven les persones i els ramats per menjar-se'ls, a més de matar amb les plomes de bronze que els queien de les ales a gran alçada. La sisena tasca d'Hèracles va ser expulsar-los ben lluny. El primer que calia era dispersar-los perquè no ataquessin en bandada. Per ajudar Hèracles, Atena li donà un parell de platerets de bronze que l'heroi féu entrexocar amb tanta força que el soroll espantà els ocells. Un cop dispersos a cel obert, Hèracles els abaté amb les seves fletxes enverinades.


7. Capturar el bou de Creta
El bou de Creta fou un càstig que Zeus envià al rei Minos per no haver complert una promesa de sacrifici que aquest li havia fet. Zeus féu que l'esposa del rei Minos, Pasífae, s'enamorés del bou i s'hi aparellés, amb què es va engendrar el monstre Minotaure. Pel que fa al bou, corria salvatge per l'illa, envestint i matant tothom qui es creuava pel seu camí i ningú no gosava matar-lo. Hèracles, gràcies a la seva força prodigiosa, aconseguí capturar el bou i portar-lo a Micenes, on finalment fou sacrificat.


8. Capturar les eugues del rei Diomedes
El rei Diomedes tenia als seus estables unes eugues que menjaven persones. El rei escollia alguns dels seus hostes cada nit i els donava per menjar a les eugues. Hèracles es dirigí cap a Tràcia amb alguns voluntaris i vencé el petit exèrcit de Diomedes que guardava la casa. Després capturà el rei i el llançà en vida a les seves eugues, que el devoraren. Després d'això, es tornaren manses i les pogué enganxar al carro de Diomedes per portar-les a Micenes.
9. Aconseguir el cinyell de Hipòlita, la reina de les amazones
Les amazones eren dones guerreres que vivien de la caça i de la guerra.. El novè treball consistia a aconseguir el cinyell de la seva reina, Hipòlita, per demanda de la filla d'Eursiteu, Admete. Quan Hèracles arribà a la terra de les amazones, Hipòlita el veié i s'enamorà de la seva força. Li oferí el seu cinyell com a penyora d'amor. La tasca podria haver reeixit fàcilment si no hagués estat per Hera, que va estendre el rumor entre les amazones que Hèracles i els seus companys tenien com a objectiu segrestar la reina Hipòlita i endur-se-la. Les amazones atacaren els grecs, però foren vençudes i Hèracles aconseguí de fugir amb el cinyell.


10. Robar els ramats del gegant Gerió
El desè treball d'Hèracles era el de robar els ramats del gegant Gerió, monstre amb la forma de tres homes units per la cintura i de força llegendària que vivia a l'illa de Erítia, a l'oest del Mediterrani. Per arribar-hi va haver de creuar el desert i, aclaparat per la calor, disparà una fletxa a Hèlios, déu del sol: Hèlios li demanà que el deixés en pau i Hèracles en canvi li demanà la copa màgica que feia servir el déu per viatjar d'est a oest cada dia. El déu així ho va fer, de manera que Hèracles pogué arribar a Erítia sense més entrebancs. Pel camí, construí dues columnes a l'actual estret de Gibraltar per commemorar el seu pas. Hèracles matà llavors el gos Ortros, guarda dels ramats i germà de Cèrber, i el pastor Eurició. Un cop arribà a Gerió el matà també i esguerrà el seu cos en tres parts. Reuní els ramats i amb penes i treballs aconseguí arribar a Micenes, on Euristeu els sacrificà en honor a Hera.


11.Aconseguir les pomes del jardí de les Hespèrides
L'onzè treball d'Hèracles consistia a obtenir les pomes d'or de l'arbre que creixia al jardí de les Hespèrides. Aquest arbre havia estat un regal de noces de la Mare Terra a Hera per la seva boda amb Zeus i estava custodiat per les nimfes Hespèrides, filles del tità Atles. Atles havia estat castigat pels déus a suportar sobre les seves espatlles la volta celeste per tota l'eternitat. Quan Hèracles arribà al jardí, Atles li prometé convèncer les seves filles de donar-li algunes pomes a canvi que Hèracles aguantés el cel durant una estona. Quan Atles va tornar proposà a Hèracles d'anar ell mateix a portar les pomes a Euristeu. Hèracles sospità de les intencions del tità i hi estigué d'acord, demanant-li però que aguantés el cel un moment mentre ell es posava en una posició més còmoda que no li fes mal al coll. Atles hi estigué d'acord i, quan tingué un altre cop el cel sobre les espatlles, Hèracles recollí les pomes i deixà Atles enrere amb la seva càrrega.


12. Capturar el gos Cèrber i treure'l dels inferns
El darrer treball d'Hèracles era també el més difícil. Consistia a treure el gos Cèrber dels inferns. Aquest gos era un monstre de tres caps amb cua de serp que s'encarregava de vigilar que els morts no s'escapessin de l'Hades. El primer obstacle en aquesta tasca era que ningú no sabia on es trobava l'entrada a l'Hades. Per sort, Hèracles trobà el malaurat Orfeu, que tornava de la seva expedició a l'infern per rescatar Eurídice. Ell li explicà com anar-hi. Un cop arribà al riu Estix, el que delimitava l'Hades, el barquer Caront tingué tanta por de la força i l'aspecte ferotge d'Hèracles que el passà amb la seva barca a l'altra riba sense protestar. Un cop al Tàrtar, trobà l'heroi Teseu sotmès a suplici per un antic intent de raptar Persèfone, esposa d'Hades, i el rescatà. Hèracles demanà a Hades, déu dels inferns, que li deixés endur-se Cèrber. Ell hi accedí amb la condició que fos capaç de capturar-lo sense armes. Així Hèracles, només amb la força del seus braços, aconseguí retenir l'animal i el portà a Micenes, per retornar-lo a l'Hades poc després.

Aquest treball simbolitza el triomf de la mort, ja que Cèrber és el guardià de l'inframón, on van a parar les ànimes dels que han mort. Significativament, no hi ha un lloc on hi hagi la tomba d'Hèracles.